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Mi Boxer Hulk…

Hulk! Ese grandullón buenazo que fué mi Bóxer blanco. Hulk fue mi compañero durante muchos años y, aunque ya cruzó el arcoíris, sigue siendo parte de la familia SitandPlas y siempre está en mi corazón.

Hulk estuvo conmigo 9 años, llegó poco después de Apache (el conejo-perro, como me gustaba llamarle cariñosamente) y fué el perro más maravilloso que he tenido jamás. Con él aprendí a ver la vida con los ojos de la inocencia y la felicidad más sincera.

Con sus casi 40kg y su cabeza del tamaño de una sandía era todo corazón, amor y pasión por nosotros.

Cuando llegó a casa con 3 meses ya era grande, creo que pesaba casi 15kg y era tan patoso y desproporcionado que enseguida nos ganó el corazón. Hasta el final de sus días fué un cachorro juguetón e inocentón, mi eterno cachorro.

A Hulk le encantaba salir a la montaña, tomar el sol y dormir. Siempre roncaba y hacia bufidos con sus mofletes colganderos, sabías que estaba durmiendo porque le escuchabas desde la otra punta de la casa.

Cuando lo cogimos era el último de la camada, nadie lo quería porque era blanco y siempre he dicho que esa fue nuestra gran suerte.

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